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juan dias

Paisajes urbanos y obsesión securitaria.

Las composiciones virtuales de Juan Dias

 

“La seguridad, esa palabra mágica, ese conjuro capaz

de suspender hasta la lógica más elemental”

—Andrés Barba, en República luminosa

 

Por Esteban Rodríguez Alzueta

 

 

La prevención es uno de los grandes fetiches de la época, se ha transformado en una suerte de imperativo moral que impone modos de hablar, sentir y obrar. Todos sabemos que “si la ocasión hace al ladrón” entonces tenemos que estar en la ciudad de manera prudente. La prevención responsabiliza a los ciudadanos en las tareas de control y los transforma en policías amateurs.

 

La  prevención securitaria forma parte de un mandato social que recorre todos los campos sociales: no sólo debemos prevenir el delito sino prevenir el cáncer, el mal aliento, la caída del cabello, las arrugas, la gripe, los accidentes laborales, los accidentes de tránsito, prevenir el colesterol, prevenir las violencias. Es decir, la prevención del delito hay que leerla al lado de esta serie. La consigna popular “mejor prevenir que curar” es una frase atrápalo todo, imbatible, que se nos presenta como incuestionable, que le abrió las puertas a la obsesión securitaria.

La prevención securitaria tiene su gramática y su parafernalia, tiene una lengua franca universal, una señalética y cartelería que nos orientan y permite que la entendamos en todos lados. Pero también tiene su tecnología específica que está hecha de alarmas monitoreadas, circuitos de videovigilancia, botones antipánicos, seguridad privada, grupos de WhatsApp vecinales, serpentinas aceradas, reforzamientos de aberturas y  puertas, ventanas blindadas, habitaciones antipánico, armas, técnicas de autodefensa, perros con cara de malo, y cabinas de seguridad donde apostar al centinela vecinal que hará rondas en moto por el barrio. Los vecinos alertas tienen que invertir mucho tiempo y dinero en la prevención. Pautas que no solo van modificando la subjetividad de las personas, las maneras de estar en el barrio y recorrer la ciudad, sino que transforman la geografía de las ciudades. La parafernalia constriñe nuestro universo de relaciones, nos encierra y aísla, pero también nos vuelve más reservados, indiferentes ante el otro que tiene dificultades o no comparte nuestros estilos de vida.

Las imágenes de Juan Dias captan las transformaciones del paisaje urbano. Juan hizo de la fotografía un laboratorio para explorar esas mutaciones que llegaron con la introducción de semejante parafernalia en la vida cotidiana. La tecnología de prevención forma parte de la geografía urbana, se ha naturalizado, nos hemos acostumbrados a convivir con ella y ya no llama nuestra atención. Sabemos que están ahí y la amenaza que encierran ellas, pero sorteamos cualquier tipo de cuestionamiento. Juan las pone en el centro de escena y nos invita a reflexionar sobre ellas.

Cada uno de los adminículos será recortado de su entorno, desencajado del contexto urbano. Juan quiere devolverle su capacidad de abstracción, destacar el poder que tienen esas tecnologías para interponerse entre nosotros. Porque las tecnologías securitarias separan a los individuos entre sí y deshistorizan las relaciones, las despojan de sus referencias locales. Un espacio bajo vigilancia es un espacio vacío, que tiende a vaciarse de sus tips callejeros, que cuestiona y bloquea la sociabilidad callejera. El espacio público bajo supervisión dejó de ser público y tiende a vaciarse. A nadie le gusta ser vigilado porque sabe que detrás de cada máquina de visión hay vecinos alertas prestos a delatar los movimientos sospechosos. La vida en la calle está teñida de ambigüedades, es un contexto incierto y azaroso que puede ser malinterpretado, sobre todo cuando se la mira con los fantasmas que nos asedian, con el noticiero del mediodía. Las imágenes que llegan por circuito cerrado son imágenes peligrosas, que inspiran temor, que conviene no subestimar. La tecnología de prevención amplifica los miedos y las angustias de sus usuarios. No solo prestigia o confiere un estatus especial a los propietarios, también tienden a generar representaciones que no guardan proporción con lo que está sucediendo. Las personas se vuelven más sensibles, una sintonía fina que los paranoiquea cuando los pone a escanear la noche y mapear los movimientos del vecindario. La caminata de un gato se confunde con los pazos furtivos de un ladrón. La noche está llena de ruidos extraños y hay que ponerle nombres, aprender a descifrarlos, estar alertas. Una suerte de efecto lupa que agranda lo que enfoca, que congela lo que ilumina, y lo que se enfoca e ilumina no se entiende, porque se lo mira perdiendo de vista el resto del entorno.

Las fotografías son imágenes en 3D y retratan la violencia agazapada en la vida privada. Juan asedia los objetos físicos hostiles de la vida cotidiana y los muestra en la oscuridad de la virtualidad, para que esplendan, para que sepamos la amenaza que nos espera. El acero es la materia prima que resplandece en sus imágenes. Un plateado filoso, que grafica la rigidez y frialdad de los vigilantismos contemporáneos.

El mundo que explora Juan, entonces, es un mundo vallado, acerado, que se fue electrificando a medida que la vecinocracia se amurallaba. Porque los vecinos no solo levantaron sus muros sino que los transformaron en paredones peligrosos, mortales. No solo quiere evitarse el escalamiento y el escruche, hay que transformar la casa en una casamata desde donde pueda apuntarse mejor al prójimo lejano que asoma la nariz donde no le incumbe.

La prevención, dijimos en Prudencialismo, es el caballo de Troya del punitivismo. Con la prevención llega la punición. La prevención es el punto de encuentro donde el punitivismo de arriba se confunde con el punitivismo de abajo. Porque la prevención, para que funcione implica la articulación o una alianza entre las policías y la comunidad afín. Pero también la disposición de una parafernalia que fue transformando los paisajes urbanos, cuadriculando la ciudad, volviéndola más transparente, convirtiendo a la ciudad en un gran panóptico lleno de amenazas de castigos anticipados.   

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Juan Dias

Es un fotógrafo del Conurbano Sur, más precisamente de Burzaco. A partir del 2013 empezó a trabajar en un diario regional de Lomas de Zamora, en el que sigue hasta el día de hoy. Fue organizador y parte de medios autogestivos como Caleidoweb y Conurba.  Actualmente está trabajando con otros colegas en la organización y gestión del Encuentro de Miradas del Conurbano. Sus obras visuales (ya sea en fotografía, dibujo y 3D) abordan distintas temáticas urbanas que tienen al Conurbano Sur como escenario principal. Algunas de sus series más importantes son “La pesadez de los cuerpos”, “La máquina de la inseguridad”, “Conurbano 3D”, “En ascens”, entre otras. Para visitar sus obras se puede consultar su sitio:  https://juandiasfoto.wixsite.com/home.

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